Expresión de solidaridad

"No podemos hacerlo todo, pero en todo podemos hacer"

10/06/2019

10/06/2019

Hablamos con la Hermana Mª Carmen, trabajadora social en el centro Proyecto Alma de Sevilla.

¿En qué consiste el trabajo que realizáis en Proyecto Alma?
El proyecto comenzó en septiembre de 2017, y pertenece al Ministerio de Trabajo e Inmigración. Colaboramos con la Familia Vicenciana (laicos de las Hijas de la Caridad, las llamadas "paulas"), por lo que es una iniciativa intercongregacional.
El centro ofrece acogida humanitaria a mujeres inmigrantes que son víctimas de trata laboral, sexual o de personas. Durante un máximo de 6 meses, acogemos a las mujeres que vienen de los CETIs de Ceuta y Melilla; además, ahora estamos atendiendo a muchas mujeres que llegan en las pateras directamente a las playas de Andalucía.

¿Cuál es tu labor en todo el proceso?
Realizo labores de coordinación con el Ministerio, recopilando datos que necesitan, y además entrevisto a las mujeres para detectar quiénes son víctimas de trata a las que debemos ayudar. Por otro lado, si los son, iniciamos los trámites de solicitud de protección o asilo a las Fuerzas de Seguridad del Estado.

¿Qué riesgos asumes en tus funciones diarias?
Hay dos grandes riesgos a los que debemos hacer frente.
El primero es referente a las mafias que explotan a estas mujeres. Ellas quieren seguir su viaje migratorio hacia países como Francia o Alemania, y les acompañamos a la estación, donde se encuentran las personas que controlan las mafias. Estas personas pueden observarnos, reconocernos y controlarnos, por lo que avisamos a UCRIF, y nos suele seguir algún policía de paisano para garantizar nuestra seguridad.
El segundo se refiere a las enfermedades que portan estas mujeres al llegar. Las tres principales enfermedades de las que tenemos que prevenir un contagio son la sarna, el VIH y la tuberculosis. Las chicas de los CETIs están sanitariamente controladas, pero las que llegan en patera no han pasado ningún control, y debemos poner en marcha un protocolo sanitario. El centro de salud está muy comprometido y se porta muy bien con nosotras. Debemos darnos pomadas y medicinas, mantener una intensa higiene, etc. Pero esto es ya habitual para nosotras.

¿Es muy duro lo que escuchas cada día en tus entrevistas?
Tremendamente duro. La dureza de la historia de los procesos migratorios que atraviesan estas mujeres es muy difícil de comprender. Suelen pasar 1 ó 2 años de viaje, y a veces es tan doloroso escuchar lo que cuentan que tenemos que dividir la entrevista en varios momentos a lo largo de diferentes días, porque a ellas les cuesta mucho recordarlo y a nosotras escucharlo.
Cuando llegan, esperamos 2 ó 3 días para que se ubiquen y se tranquilicen, y trato de acercarme a ellas y ganar su confianza poco a poco. Ellas hablan francés, pero yo utilizo el lenguaje universal del abrazo. Hay que relajarlas, ofrecerles cariño y comprensión, mostrarles cercanía para que se abran.
No obstante, hay que tener en cuenta que en la primera entrevista mienten mucho. Las mafias les enseñan lo que tienen que decir. Recuerdo a una mujer que, tras unos días hablando conmigo, vino a verme para confesarme que me había estado mintiendo desde el principio, acerca de absolutamente todo, hasta su nombre. Me pedía perdón y quería contarme la verdad. Las mafias le habían dicho que no dijera su nombre yq ue mintiera, porque sino la deportarían. Ahora me contaba la verdad, pero es un problema que les obliguen a hacer esto, porque todos los documentos, la cobertura sanitaria, la protección internacional, los datos para la policía, etc, se hacen a otro nombre, y dejan de ser válidos, lo que nos obliga a iniciar trámites para corregirlo.
Todo el proceso es muy lento y lleno de pasos atrás. Hay que tener paciencia.

¿Qué ocurre tras los 6 meses en que pueden recibir vuestra ayuda?
Pueden continuar su viaje migratorio hacia otros países o pueden solicitar, si se les ha concedido la protección internacional, el inicio de trámites para la integración en España. Se solicitan muchos casos, pero hasta ahora, desde el inicio del proyecto, solo una mujer ha alcanzado un contrato laboral, alta en la Seguridad Social y la integración completa. Es un proceso muy lento y difícil.

Seguro que, entre tanta dureza, también hay momentos satisfactorios.
Claro que sí. Lo más bonito es hablar con ellas de tú a tú, reír con ellas, compartir tantas cosas fuera del rol de la entrevista...

¿Cómo percibes la sensibilización del público hacia la realidad con la que convives cada día?
Estamos asistiendo a un fenómeno que llama a nuestra puerta: solo en un fin de semana, 2074 personas han llegado en patera a las costas de Andalucía. Lo fundamental, ante algo así, es que exista una sensibilidad especial en la sociedad. El fenómeno migratorio necesita nuestro compromiso: no podemos hacerlo todo, pero en todo podemos hacer, en todo podemos poner entrañas de misericordia, actitud receptiva y comprensión. Tenemos que pensar que muchas de esas personas llegan aquí después de 2 años caminando, comiendo pan y agua, viendo morir a sus compañeros de viaje... No podemos pensar que "qué vienen a hacer aquí". Contra el rechazo y la discriminación, pensemos que estas mujeres han estado un mínimo de 5 meses en los bosques de Marruecos, viviendo en chozas de plástico, bajando a mendigar comida a los poblados y subiendo cada madrugada a la cima de la montaña para evitar las violaciones, mientras les desmantelan las chozas, hasta que les avisan de que ya no hay peligro y pueden bajar; y, tras todo ello, deben lograr ahorrar, como sea, 300€ para cruzar el mar. Y, al final de todo, conseguir no morir entre las aguas.
Recuerdo una entrevista en la que tuvimos que parar porque ella estaba llorando y yo a duras penas conseguía mantener la serenidad; nos abrazamos y lo dejamos para el día siguiente: aquella mujer estaba llena de cicatrices por los golpes que había recibido y había sido violada por 5 hombres a la vez. Además, la patera en la que vino, hecha de neumáticos, se pinchó y comenzó a entrar agua. Y ella me dijo que en aquel momento no tuvo miedo, porque Dios siempre había cuidado de ella, y en ese instante seguía haciéndolo. Aquello fue un ejemplo para mí. Tuve que darle las gracias por ser mi maestra en la fe, y ella lloró porque nunca le habían dicho que hubiera enseñado nada a nadie.
Ante el dolor ajeno, relativizas y te haces austero, sin quererlo o buscarlo. Los que más sufren en este mundo son mis mejores maestros.

Fundación Juan Bonal es expresión de solidaridad.

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