Expresión de solidaridad

El Centro de Ankur, una escuela que cambia la vida de las niñas pobres

08/01/2020

08/01/2020 El Centro de Ankur, una escuela que cambia la vida de las niñas pobres

Las niñas que son recogidas por las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en los slums de Mumbai, los barrios más pobres de la India y uno de los lugares más pobres del planeta, son acogidas en el Centro de Ankur, una escuela en la que encuentran amor, atención y una educación que les permite tener opciones dignas de futuro.

"Me recogieron en los slums", es una de las frases que pueden escucharse entre los muchos testimonios que estas niñas ofrecen, volviendo a sonreír tras un tiempo en el Centro, entre otras niñas y con las Hermanas. Dicen, abrazándose, que son "niñas de Ankur, y que las Hermanas son como sus madres".

El Centro está situado en Mira Road, en Mumbai. Allí, mujeres como Patel y Kalpana recuerdan cómo pasaron 12 años en el Centro de Ankur, hasta que terminaron su 10º grado, y cómo aquéllo cambió sus vidas para siempre. La educación que recibieron les permitió llevar una vida mejor durante los últimos 20 años.

Patel agradecía especialmente a la Hermana Primi Vela, fundadora y alma de este Centro, por "haberle recogido de los slums y haberle regalado una nueva vida".

La Hermana Primi llegó a India en 1972, y su trabajo como misionera siempre se orientó hacia la educación de las niñas, mucho antes de que el Gobierno lo hiciera. Hoy, campañas oficiales contribuyen a educar en la igualdad y sin discriminación de género. Pero queda mucho por hacer y centros como el de Ankur son fundamentales para lograrlo.

Hoy, las Hermanas han logrado ampliar el edificio y atender a un número mayor de niñas. Gracias a muchos benefactores que les han ayudado, hoy cuentan con unas instalaciones de 4 plantas, donde tratan de erradicar la pobreza a través de la educación. Las Hermanas tratan así de brindar a las niñas una formación profesional que mejore su desarrollo personal y social, y les permita integrarse en la sociedad con éxito.

La Hermana Primi dice que educar a las niñas ayudará a hacer mejores a las futuras generaciones, porque educar a las mujeres significa educar a familias enteras y educar a sus hijos. Además, las Hermanas trabajan con un equipo de educadores para poder ofrecer así una formación integral a las niñas.

La Hermana Clara, enfermera, que se unió al equipo de Ankur hace un año, dice que el Centro se ha convertido en un refugio donde las niñas pueden prepararse para un mejor futuro. El Centro les educa hasta el 10º grado, pero algunas de ellas pueden continuar su formación avanzada, en función de su situación personal. Si es factible, se les anima a hacerlo y labrar así su porvenir. Las Hermanas les guían y, en lo posible, les ayudan con los fondos que reciben. Muchas de estas niñas se han convertido en enfermeras y ahora pueden cuidar de la salud de otros. Pero todas ellas aprenden a ayudar a otras personas más necesitadas. Se convierten en mujeres fuertes y con confianza.

Al principio no fue fácil, había que convencer a los padres de que era bueno para las niñas acudir a la escuela, y tratar de compensar el hecho de que las niñas fuesen un ingreso para la familia si trabajaban, en lugar de formarse. Esta lucha supuso que las niñas dejasen el trabajo infantil y pudieran acceder a su alfabetización y a una educación en conocimientos y valores que cambia sus vidas para siempre. Sus familias descubren, además, que su vida también mejora cuando lo hace la de sus niñas.

Las Hermanas, además, visitan otros lugares cercanos y organizan recursos, planifican clases para otros niños en su clínica móvil y desarrollan una intensa labor social más allá del Centro de Ankur. Ven la situación real de tantas familias y ayudan en todo lo que pueden. Las necesidades son muchas y la pobreza muy intensa, pero el espíritu humano surge aquí con fuerza. La Hermana Clara afirma que en este año en Mumbai ha recibido más satisfacción con su trabajo misionero que en los 30 años que pasó trabajando en hospitales.

El trabajo de las Hermanas y sus logros son tan conocidos que el Centro ya no cocina para alimentar a las niñas: la gente se acerca para traerles alimentos. De hecho, suele haber una larga cola de personas que desean aportar lo necesario para varias comidas. Así es el milagro de la solidaridad, que se extiende y multiplica, mejorando la vida de personas y comunidades.

Fundación Juan Bonal es expresión de solidaridad.

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