Expresión de solidaridad

"No tener comida es no tener nada"

11/01/2019

11/01/2019

Hablamos con la Hermana Yulis, Superiora de la Comunidad y Directora del Colegio Sagrada Familia en el Tukuko, en la Sierra de Perijá (Venezuela).

Descríbenos tu trabajo en la misión del Tukuko.
En 1952, se constituyó este Colegio, llamado "Sagrada Familia" porque aquí está Dios, con nosotras, y porque aquí es donde se reúnen con libertad las familias que bajan desde las montañas. Trabajamos con las comunidades indígenas yukpa y barí. Estoy aprendiendo yukpa, y ya puedo cantar algunas canciones: es importante, porque para hablar de lo que llevamos dentro, de lo que duele y de lo que no, es mejor utilizar su propia lengua.
La mejor descripción para lo que hago es que, en esta misión, vivo en mi pedacito de cielo, y hago de bombero. Si un niño enferma, lo curo; si hay un conflicto, lo resuelvo; tengo que trabajar en el ambulatorio local; si falta el Padre, celebro misa; si alguien se muere, lo entierro; si falta la cocinera, cocino... en cada momento, hago lo que toca.

¿Cómo te relacionas con las comunidades indígenas?
Trabajo con los caciques. Todos son antiguos alumnos míos, lo que facilita las cosas, y yo soy cacique menor, por lo que me llaman cuando se reúnen. Debo respetar sus costumbres, tradiciones y cultura. Esto es a veces positivo y a veces negativo: si alguien llega tarde a clase, son los caciques quienes le castigan, no yo, en ocasiones les he pedido comida para los niños y me han dado alimentos, en otras ocasiones son ellos quienes me han pedido a mí... Vivimos muy interrelacionados, y las reuniones se celebran en el Colegio.

¿Cómo es el día a día en el Colegio?
Atendemos a niños desde 3 años hasta el Bachillerato, aunque la edad es a veces más avanzada, porque las personas que bajan desde las montañas suelen sufrir retrasos. Los chicos están atendidos por los Hermanos Capuchinos, y nosotras atendemos a las chicas.
Cada semana, se turnan para hacer el desayuno, van a clase de 7:30 a 12. Después, si ha llegado comida, comen todos (si no, comen los internos). Por la tarde, se realizan talleres y se limpia el Colegio. Un grupo ayuda a hacer la cena y el resto tiene 1 hora de estudio. Después, van al río a bañarse y, tras eso, volvemos a rezar el rosario y oír misa todos juntos, lo que les gusta mucho, porque te dicen "déjame un cupo", que significa que les permita subir al altar a rezar un misterio. Después, cenan. Pero todo esto cambia si se va la luz, y el horario se altera para que coman antes. Van a caminar al patio, estudian un poco más y, si no hay luz, se van a dormir.
Los fines de semana son diferentes: lavamos la ropa, vemos películas... Intentamos que sean películas que representen los valores humanos que queremos vivir. Siempre que haya luz, porque a veces sufrimos cortes de luz de hasta 48 horas. Por eso, he recibido una donación de 5 linternas, que nos serán muy útiles. Además, los viernes o sábados suelen salir al pueblo, a rezar o salir en procesión con los habitantes, hacerles compañía... y ellos les dan a los chicos plátanos, yuca, etc.

Entonces, la educación que brindáis allí es integral, no solo referente a conocimientos.
Así es. Les enseñamos todo lo que necesitan para ser personas desarrolladas y autónomas. Por ejemplo, una niña llamada Yorelis, vino al internado a los 6 años, cuando su madre murió, y no quería estudiar. Un día, le enseñé a abrir los huevos para cocinar, y ella salió emocionada, corriendo a decirle a todo el mundo que había aprendido a abrir huevos y le dijo a su tía que comprase huevos, porque ella los abriría. Hoy, Yorelis ya sabe leer y escribir.

Explícanos a qué dificultades os enfrentáis en el desempeño de vuestro trabajo en la misión.
La principal dificultad es la carencia de comida. Hemos sembrado y podemos alimentarnos, pero los recursos son pobres y los niños han bajado de peso, no están correctamente nutridos. A veces, el gobierno nos ha dado algo de comida, pero solo ha llegado para 60 personas y somos 110.
Además, tenemos el coche roto desde el año pasado, y el transporte es un problema. Hay una unión de chóferes que ofrece camionetas, pero es peligroso. En el viaje de 2 horas a Machiques, ha habido personas que se han caído, e incluso algunos han fallecido.
Tampoco hay repuestos ni material escolar: un cuaderno puede costar 1 millón de pesos, cuando un salario puede ser de 6 millones de pesos. Aquí, con la ayuda que recibimos, logramos ofrecer a los niños un cuaderno, un lápiz y una goma, nada más. Recuerdo una niña que quería ser médico: empezó su cuaderno en septiembre y, cuando llegó diciembre, lo borró todo para volver a usarlo a partir de enero. Cuando llegó el tercer tramo del curso, me preguntó si le iba a dar otro cuaderno o tenía que volver a borrar el que tenía. A la niña, de 12 años, la llamamos "la poderosa". Le di otro cuaderno.
Otro gran problema es la falta de medicamentos. En esta epidema de paludismo, ya han muerto 7 niños, 2 ancianos y una mujer que me dejó 9 hijos.

Háblanos de la epidemia, ¿cómo lucháis contra ella?
Las medicinas no se pueden comprar, son propiedad del Gobierno, y solo nos ofrece (a veces) para 3 días, cuando el tratamiento debe durar 14 días. En febrero ya alertamos de algunos casos, pero no nos prestaron atención. El Gobierno trata de comprar con programas paternalistas a los indígenas, y éstos solían estar de parte del Gobierno. Cuando empezaron los casos, las autoridades locales fueron a hablar con todas las personas del Gobierno, pero no sirvió de nada. Tras la muerte de 2 niños, especialmente la de un niño de 20 días de edad, decidimos ejercer presión: quisimos cerrar la autopista el viernes de quincena, que es cuando la gente cobra su salario y hay gasolina, pero deben ir a la ciudad, y cerrar la autopista suponía algo tan relevante que nos harían caso.
Acudimos en camiones, llenos de gente con machetes, preparados para estar allí toda la noche, y los yukpas cerraron la autopista con troncos y carteles con las cifras de muertos y la frase "el paludismo nos está matando". Nos enviaron a unos políticos, a los que no hicimos caso porque sabíamos que solo querían manipularnos, y nos habíamos comprometido con la comunidad local a no volver sin medicinas, un médico y lo necesario para la fumigación. Después enviaron a otros políticos, junto con la Guardia Nacional, pero nos vieron armados, y además para entonces ya sabíamos que nos habían mentido, por lo que tampoco les hicimos caso. Después enviaron a un comandante con muchas estrellas, que nos ofreció dinero, lo que nosotros rechazamos. Finalmente, a las 17 llegó un camión con medicinas, 2 médicos y 3 máquinas para fumigar. Comprobamos que tenían de todo y no nos lo habían querido dar antes.
Tras 15 días de medicación y las fumigaciones, los casos comenzaron a reducirse. En este proceso, el Gobierno perdió muchos apoyos entre las comunidades indígenas.

¿Cómo crees que ha cambiado la gente a raíz de todo lo que estáis viviendo?
Creo que las cosas van a cambiar en el país; esto nos ha costado muchas vidas y una gran fuga de talentos. Muchos jóvenes han huído a Colombia, donde son tratados como mano de obra barata. Ante la enorme deserción escolar, tenemos que negociar con los chicos, los padres, etc, para que no abandonen su formación.
Todo esto nos ha enseñado a valorar lo que tenemos, a ser más solidarios y creativos. Nuestro lema es "celebrar de otra manera": los cumpleaños pueden celebrarse con una galleta y agua fría, el papel higiénico o una pastilla de jabón pueden ser un buen regalo, etc... Está prohibido, como decimos aquí, "añorar las cebollas de Egipto", es decir, querer volver a la antigua Venezuela. Está prohibido quejarse, tenemos que valorar lo que tenemos y ser felices con ello; no se trata de conformarse, sino de valorar las cosas de otro modo.

¿Cómo resiste el internado?
Ahora, nuestro internado es el único que hay en el Estado. Todos los demás cerraron, y éste también estuvo a punto de cerrar una vez. No había comida, y no tener comida es no tener nada. Llamamos a los caciques para que se llevaran a los niños, pero al día siguiente decidieron sacar en procesión al Santísimo. Las niñas oraban "Dios, mándanos commida porque no nos queremos ir". Llegó un mensaje al móvil, diciendo que la comida había llegado a Machiques, que bajáramos a buscarla. Las niñas lloraban. La comida llegó gracias a las donaciones de gentes, representantes, algo por parte del Gobierno... Fue una auténtica experiencia de fe.

¿Cómo están las cosas en el Tukuko?
Ahora, la epidemia ha disminuido un poco, pero sigue habiendo niños desnutridos en el Tukuko, la ausencia de medicinas sigue matando, las fiebres hacen que no coman, vomiten y estén cansados, vemos cómo sufren los ancianos y las mujeres embarazadas, preocupadas por sus bebés... Necesitamos medicinas para que no mueran. Yo hice un curso urgente de primeros auxilios sobre esto y enseñé a las niñas que querían ser médico; ellas tenían a 17 compañeras enfermas de paludismo y las cuidaron. Se corrió la voz y nos trajeron a otros enfermos del pueblo, y ellas también los atendieron. Los salones se convirtieron en habitaciones para los enfermos durante los fines de semana.

¿Cuál ha sido el papel de Fundación Juan Bonal en el Tukuko?
Aquí lo ha cambiado todo. Se apadrinó y cuidó a los 4 ángeles del Tukuko, y se les sigue manteniendo. Se puso en marcha un comedor para toda la comunidad, al que acude todo el mundo que lo necesita. Se construyó un pozo, que ha sido muy importante porque ha mantenido el internado y el Colegio. Se ha puesto en marcha una cocina, con una freidora eléctrica, que facilita mucho poder dar de comer a tantos niños. Además, la Fundación nos ha provisto de mesas, sillas, etc...
Si tuviera un padrino delante de mí, le diría que no nos dejase solas. No se trata solo del dinero que aportan, sino de sabernos acompañadas, que alguien se preocupa por nosotras.
Tenemos la esperanza de salir de esto. No pedimos nada que no necesitemos: a los niños se les hace feliz con muy poco: un caramelo, una foto... Su cultura no es de abrazar, pero están aprendiendo, porque lo necesitan. Que los padrinos apuesten por estos niños: tienen grandes sueños. Y, cuando todo mejore aquí, les esperamos para que vengan a visitarnos.

Fundación Juan Bonal es expresión de solidaridad.

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Conoce más sobre la labor de la fundación y sus misiones en el mundo a través de los sitios web y Facebook:
www.fundacionjuanbonal.org
www.padrinos.org
www.colaborador.org
www.facebook.com/fundacion.bonal/


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