Expresión de solidaridad

Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana cumplen 66 años de vida misionera en el Tukuko (Venezuela).

10/01/2018

10/01/2018 Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana cumplen 66 años de vida misionera en el Tukuko (Venezuela).
Eran las dos de la mañana del 2 de enero de 1952. En la catedral de Machiques, aún en construcción, se daban cita un puñado de fieles. Si la hora era intempestiva, el motivo de la asamblea litúrgica tampoco era frecuente, y la profunda emoción religiosa que embargaba a los presentes lo era menos aún.
 
A la hora de la homilía, Monseñor Ángel Turrado, emocionado ante las cinco misioneras apóstoles del Vicariato presentes en el presbiterio, con su alma de veterano misionero enternecida y sin poder contener las lágrimas que contagiaron a los circundantes, exaltó las excelencias de la vida misionera, quintaesencia del evangelio, y el heroísmo de aquellas cinco jóvenes religiosas que tan valientemente se lanzaban a arrastrar las vicisitudes y peligros, tal vez hasta la misma muerte, en su nuevo puesto de trabajo.
 
A las cinco en punto de la mañana, estaban en la puerta del colegio de Ntra. Sra. del Carmen de Machiques tres jeep para trasladar a las cinco religiosas misioneras: la Hna. Raquel González, maestra; la Hna. Alicia Sánchez, maestra; la Hna. Beatriz Díaz, Superiora de la comunidad; la Hna. Irene Elexgaray, maestra; la Hna. Victoria Manso Sádaba, enfermera.
 
A las 10.30 de la mañana, avistaba la caravana peregrina una multitud abigarrada de indios que esperaban anhelantes la llegada. La pobreza y sencillez que rodeaba a la Misión salió de quicio para celebrar un hecho tan insólito. Arcos de palma, fuegos artificiales y, sobre todo, la admiración de los indígenas, que parecían embebidos y fuera de sí ante lo que veían. Muchos de ellos, venidos de la lejana Irapa, atraídos por la curiosidad, se retraían medrosos al tratar de acariciarlos cariñosamente las Hermanas.
 
A las puertas de la misión, las esperaba el Padre Saturnino, superior de la misma. En nombre de los indígenas y misioneros, daba la bienvenida a las enviadas del Señor, que con dificultad podían contener las lágrimas por la vehemencia de la emoción. Aquello parecía un sueño.
 
Enseguida, revestidos el obispo y el Padre Saturnino de las vestiduras litúrgicas, expuso el Padre la Divina Majestad, se cantó el Te Deum y Monseñor dio la bendición con el Santísimo. Había indígenas yukpas de todas las rancherías de la sierra: Shaparu, Guaxamas, Atapsi, Kamaranchón, Aponcito, Irapa...
 
Con la venida de las misioneras, empezó a caminar el reloj de la paz y la alegría, y el bienestar de la familia completa de la misión no ha interrumpido su andar ni un solo día.
 
25 años después, el veterano misionero Padre Félix de Vegamián, haciendo referencia a la llegada de las Hermanas, escribió: "El 2 de enero de 1952, fecha en que las primeras cinco hermanas llegaron al Tukuko, fue anotado con letras de oro en los anales del mismo por sus ángeles tutelares, fecha cumbre y luminosa, cuyas consecuencias nadie podrá valorar debidamente. Bendita sea la memoria de la Madre Teresa Izquierdo, Superiora de las hermanas de la Caridad de Santa Ana en Venezuela, que allanó todo lo allanable para que sus religiosas, crucifijo misionero al pecho, fueran las primeras en dar cumplimiento cabal a los anhelos misioneros de su Santa Madre fundadora, la madre María Rafols. Aquel 2 de enero, le nació un corazón misionero a la provincia de Santa Ana. A partir de entonces, todas las Hermanas mirarán con cariño y admiración hacia la sierra de Perijá y todas querrán expresar su entusiasmo misionero como sea."
 
Fray Nelson Sandoval.


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